Primera parte · La vida
I
Beco Los primeros años, 1960–1972
La infancia de Ayrton Senna en São Paulo: la familia, el kart que le hizo su padre a los cuatro, el Jeep que condujo a los siete y el niño al que llamaban Beco.
I · Beco
Santana
La calle no estaba pavimentada, y los vecinos se pararon a mirar. Hacia 1964, en el barrio de Santana, en la zona norte de São Paulo, un niño de unos cuatro años dio sus primeras vueltas en un kart que su padre le había hecho. Uno de los que miraban, João Alberto, un vecino seis años mayor, contó mucho después que se le puso la piel de gallina: desde la primera vuelta por aquella calle de tierra, a todos les impresionó la sensibilidad que ya tenía el pequeño.
Había nacido, con el nombre de Ayrton Senna da Silva, el 21 de marzo de 1960, de madrugada, en una maternidad del centro de la ciudad,1 el segundo de los tres hijos de Milton da Silva y Neyde Joanna Senna. Su hermana Viviane aún no tenía tres años. Su hermano Leonardo llegaría en 1966. Para todos ellos, desde muy pequeño, fue Beco.
Era una familia de inmigrantes, y de un dinero ganado, no heredado. Los cuatro abuelos de Neyde habían nacido en Italia, y su apellido había llegado a Brasil con una sola n: Luigi Sena, que tenía 23 años y viajaba solo, desembarcó procedente de Génova en marzo de 1893, y quedó inscrito como Luiz Senna cuando se casó en Espírito Santo tres años después. La madre de Milton había llegado de Tíjola, en Andalucía, con cuatro años; su padre era conductor en el instituto forestal del estado. El propio Milton empezó comprando y vendiendo coches en los alrededores de la cárcel de Carandiru, en Santana, invirtió las ganancias en una metalúrgica que abastecía a la joven industria automovilística brasileña, y pasó después a la construcción y, más tarde, a las haciendas ganaderas.
Cuando nació Ayrton, la familia era de clase media. La prosperidad llegó en los años siguientes, y en 1964 Milton ya pudo sacarlos de la casa de su suegro y llevarlos colina arriba.
I · Beco
Una casa en la colina
Durante sus cuatro primeros años, su hogar fue la casa de su abuelo. La casa de João Senna estaba en una esquina de la Avenida Santos Dumont, a menos de cien metros del aeródromo de Campo de Marte, y los domingos la calle era de los niños. En 1964 la familia se mudó colina arriba, a una casa propia de dos plantas, con jardín y garaje, en la Rua Condessa Siciliano, junto al Mirante de Santana y a una de las mejores vistas de la ciudad. Ayrton vivió allí hasta cerca de los 12 años. Después vino una casa en la empinada Rua Pedro, en Tremembé, y más tarde otra más grande, con piscina, en la Avenida Nova Cantareira. Las cuatro casas estaban en la zona norte, y la última, más alejada, quedaba hacia la cresta boscosa de la Serra da Cantareira.
Milton, Miltão para la familia y los amigos, era un hombre callado y de carácter fuerte, en palabras de un amigo de la familia, y un apasionado de los coches y las carreras. No se había propuesto hacer de su hijo un piloto de carreras: el kart era un juguete. En televisión, en 1986, el comentarista Galvão Bueno contó que Milton había dicho una vez que, antes de que naciera Ayrton, había visto un kart y se había prometido construirle uno igual a su hijo, y que al decirlo había llorado. Ayrton se rio y negó las lágrimas; esa parte, dijo, era una exageración de carioca, un cuento de Río. También Neyde recordaba algo parecido: un Fórmula 1 en miniatura en los grandes almacenes Mesbla cuando eran novios, y a Milton diciendo que sería el primer regalo de su hijo.
Viviane, la mayor, llegaría a ser psicóloga y, cuando él ya era adulto, su confidente. Leonardo compartía el dormitorio con Ayrton. En 1990 Ayrton le contó al escritor Gerald Donaldson que había crecido con amor en casa, una buena educación y todo lo que quería en lo material, y que su padre era un hombre hecho a sí mismo.
Nunca fingió lo contrario. En el mismo programa de televisión, en 1986, dijo que su familia había podido darle todo lo que quería, y que corría porque le encantaba, no por dinero. Años después, Viviane habló de sus privilegios y de su riqueza, y de cómo, a pesar de ellos, él sabía que había que hacer algo contra la brecha entre ricos y pobres en Brasil.
Milton pagó desde el primer kart: un kart de verdad cuando llegó el momento, después los motores y los mecánicos, y al final un año de carreras en Inglaterra. Y el kart se lo podían quitar.
I · Beco
Las tardes de domingo
Cuando le preguntaron por su familia en directo en televisión, a los 26 años.
Foi meu pai que me colocou no kart, que me levou todos os domingos à tarde para brincar num lugar fechado, num kart de 1 HP, que andava 10 por hora, eu gostei da brincadeira e fui em frente. … E era minha mãe que ficava no pé dele e mandava ele tirar o kart de mim, quando eu ia mal na escola, quando não tinha nota no semestre, tomava o kart de mim e eu ficava sem kart...
Fue mi padre el que me subió al kart, el que me llevó todos los domingos por la tarde a jugar a un lugar cerrado, en un kart de 1 HP, que iba a 10 por hora, me gustó el juego y seguí adelante. […] Y era mi madre la que estaba siempre encima de él y le mandaba que me quitara el kart, cuando me iba mal en la escuela, cuando no sacaba nota en el semestre, me quitaba el kart y me quedaba sin kart…
I · Beco
Demasiado rápido en todo
Beco era un apodo familiar, y solo la familia y unos pocos amigos íntimos podían usarlo.2 El pequeño que respondía a ese nombre era, según su madre, un niño torpe. Neyde recordaba a un niño sin ninguna coordinación, siempre lleno de rasguños, para quien tres escalones eran una odisea; le compraba los helados de dos en dos, porque uno iba a acabar seguro en el suelo. Sus padres lo llevaron a un especialista, un neurólogo, que no le encontró nada. Tal como lo cuenta su biógrafo Ernesto Rodrigues, la explicación del médico fue sencilla: el niño era demasiado rápido en todo lo que hacía. Era zurdo, y siguió siéndolo, aunque un maestro se ofreció una vez a hacerle escribir con la derecha.
Era inquieto y generoso a la vez. En una calle donde él tenía los mejores juguetes, los prestaba todos y se sentaba en el borde de la acera a ver jugar a los demás; un vecino lo recordaba de tan buen carácter que algunos niños se aprovechaban de él. A los tres años andaba con un tirachinas colgado del cuello, y nunca rompió una ventana ni apuntó a un pájaro. Una foto de familia lo muestra un sábado por la tarde con una sotana improvisada, bautizando la muñeca de su hermana sobre una palangana con agua colocada encima de un cilindro de gas cubierto, con un amiguito que sostiene la vela. Era negado para el fútbol y, aun así, un hincha incondicional del Corinthians.
Tras el preescolar en el Colégio Jardim São Paulo, fue durante sus cuatro primeros años al Colégio Santana, un colegio católico estricto, y lo dejó solo porque no tenía clases para varones más allá del cuarto año; el Colégio Rio Branco vino después. Un maestro del Colégio Santana recordaba a un alumno educado, de notas corrientes, que volvía tarde del recreo, con la cara roja y sudando de tanto correr. A los 12 años, según Richard Williams, su nota global era del 68 %. Tenía un sistema, decía la familia: prestar mucha atención en clase, para no tener que estudiar en casa, y guardar el tiempo para el kart.
Neyde lo mandó a judo para que gastara parte de su energía, y tuvo el efecto contrario. Según su propio relato, en una entrevista de 1989 para una revista, se volvió pendenciero, y pegó a bastantes chicos del colegio solo para practicar.
I · Beco
Al volante
El kart en sí era un juguete, no un kart de competición. Milton lo mandó hacer en su metalúrgica, y tenía un motor de un caballo, más o menos.3 Los fines de semana y en vacaciones cargaba a los niños y los karts en el camión y se iba a terrenos baldíos: un solar junto a la autopista Fernão Dias, obras a lo largo de la Marginal do Tietê y, sobre todo, las calles nuevas y todavía vacías de Palmas do Tremembé, mientras Milton o el chófer de la familia, Pedro, vigilaban. João Alberto intentó competir con él allí y no pudo seguirlo. Él tenía unos 12 años, contó, y Beco, seis.
Aprendió en cualquier cosa que tuviera motor. De muy pequeño llevaba el volante sentado en el regazo de su padre. Hacia los siete años, en la finca de la familia, sacó él solo un viejo Jeep y lo condujo pasando por las cuatro marchas sin usar el embrague, guiándose por el sonido de la caja de cambios, mientras su padre lo miraba sin poder creérselo. Hacia los ocho, la policía lo llevó a casa después de que condujera solo: según Rodrigues, el jefe de policía de Itanhaém, en la costa, paró el Chevrolet Veraneio de su padre y al principio creyó que no iba nadie al volante. A los 10 años, a espaldas de sus padres, los vecinos Norberto y Vera Vieira Lima lo dejaron conducir su deportivo Puma, sentado sobre un cojín porque apenas llegaba a los pedales. Era atrevido, dijo Vera, pero siempre sensato, y nunca pasó nada. Veintitrés años después, tras el Gran Premio de Japón de 1993, se la encontró en una calle de Morumbi y puso a su hijo de 12 años al volante de su Mercedes para dar una vuelta a la manzana: en pago por el Puma.
El primer kart duró algunos años, hasta que su padre le compró uno de verdad. El viejo pasó a Leonardo, que lo condujo por la metalúrgica, miró hacia atrás cuando los demás le gritaron, derrapó contra una pared y a punto estuvo de meterse debajo de un camión. Milton se disgustó tanto que lo tiró. Acabó, dijo Ayrton en 1990, como chatarra en algún cementerio de coches.
A los ocho o nueve años, a fuerza de insistir, logró correr su primera carrera, no oficial, contra pilotos de unos 18 años.4 Su padre hizo todo lo posible por impedírselo: retiró la inscripción y guardó el kart, después cedió con la condición de que el niño saliera desde el final de la parrilla, y también perdió esa discusión. La parrilla se sorteó con papelitos metidos en un casco; el más joven sacaba primero, y a él le tocó el número 1. Pequeño y ligero, se escapaba en las rectas y lideró vuelta tras vuelta, hasta que, cerca del final, uno de los chicos mayores lo golpeó por detrás y lo dejó fuera. Milton corrió hasta la curva temiendo lo peor, y se encontró a su hijo ya de pie, sacudiéndose el polvo y fulminando con la mirada al chico que lo había hecho.
Más de 20 años después todavía recordaba cada instante, y que había estado a punto de ganar.
I · Beco
Las mañanas de domingo
En casa, sus héroes estaban en la televisión. Primero fue National Kid, un héroe japonés que salvaba la Tierra de unos invasores venidos de Venus, y después Speed Racer, cuyo coche había construido el padre del héroe. Los domingos de Gran Premio se levantaba temprano para encender el televisor. Cuando en 1986 le pidieron que nombrara a los mejores pilotos, citó a los que había visto así: Jackie Stewart y Emerson Fittipaldi, con una gran admiración por la audacia de Gilles Villeneuve y la profesionalidad de Niki Lauda. Cuatro años después le dijo a la edición brasileña de Playboy: «Jackie Stewart, Gilles Villeneuve, Niki Lauda y, sin duda, Emerson Fittipaldi. Era el más grande».
Emerson ganó su primer Gran Premio en octubre de 1970, cuando Ayrton tenía 10 años, y el 10 de septiembre de 1972, en Monza, se proclamó campeón del mundo. São Paulo le dedicó un desfile por el centro de la ciudad bajo una lluvia de confeti arrojado desde las ventanas de las oficinas. Ayrton tenía 12 años.
No podía correr oficialmente hasta cumplir 13 años, pero hacía tiempo que se le había quedado pequeño el kart casero. A los 10 años, escribió Christopher Hilton en 1990, ya tenía uno más potente, y todos los fines de semana lo conducía en una pista del parque de Anhembi. Cuando el preparador Tchê se hizo cargo de él, en 1974, le preguntó al chico quién le había enseñado a conducir así. Había aprendido solo, dijo el chico, en Anhembi. Así lo recordaba Tchê 30 años después.
El 11 de febrero de 1973, Interlagos acogió el primer Gran Premio de Brasil puntuable para el Campeonato del Mundo, y lo ganó Emerson; Tom Rubython escribe que Ayrton, a pocas semanas de cumplir 13 años, estuvo allí para verlo. El kartódromo estaba justo al lado del circuito. En marzo cumplió 13 años. El domingo 1 de julio tomó allí la salida en su primera carrera oficial.
Notas
No hay acuerdo sobre la maternidad. Folha de S.Paulo (2 de mayo de 1994) y Ernesto Rodrigues (2004) señalan la Pró-Matre, en Bela Vista; una lista del archivo de Estadão de 2015 señala la Maternidade São Paulo. Folha da como hora del nacimiento las 2:35 de la madrugada. Richard Williams, que sitúa el nacimiento en Santana, confunde la maternidad con la casa de la familia. ↑
No hay acuerdo sobre el origen del apodo. El sitio oficial dice que primero lo llamaban Caneco, y que una prima pequeña, Lilian, que no sabía pronunciarlo, lo convirtió en Beco; la periodista alemana Karin Sturm escribió en 1994 que lo inventó su hermana Viviane. La prima no es Lilian de Vasconcellos Souza, con quien se casó en 1981. ↑
Un caballo es la cifra del propio Senna (1986) y la de Christopher Hilton (1990). No está claro qué motor era: uno de cortacésped en Richard Williams y Tom Rubython, uno de picadora de caña de azúcar de tres caballos en Ernesto Rodrigues, uno de refrigerador en un periódico local de São Paulo de 2014. ↑
Senna (1990) situó la carrera en un club de recreo de São Paulo, cuando tenía ocho años, y el choque a tres vueltas del final; su padre, a través del periodista Lemyr Martins, la situó en Campinas, cuando el niño tenía nueve, y a cinco vueltas del final. Los dos relatos contradicen al sitio oficial, que afirma que la ganó. Su primera carrera oficial, a los 13 años, se cuenta en el capítulo siguiente. ↑
Fuentes
Folha de S.Paulo, 2 de mayo de 1994, suplemento especial, p. 36, «Tricampeão da F-1 foi garoto trapalhão». folha.uol.com.br
Roda Viva, TV Cultura, 15 de diciembre de 1986: transcripción, Memória Roda Viva (FAPESP). web.archive.org
Mônica Bergamo, entrevista con Ayrton Senna, Playboy (Brasil), agosto de 1990: extractos transcritos. archive.org
Christopher Hilton, Ayrton Senna: The Hard Edge of Genius (Patrick Stephens, 1990). archive.org
Gerald Donaldson, entrevista con Ayrton Senna, 1990, para Grand Prix People: Revelations from Inside the F1 Circus; el texto del autor tal como lo reproduce ayrton-senna.net. ayrton-senna.net
Karin Sturm, Ayrton Senna: Goodbye Champion, Farewell Friend (Motor Racing Publications, 1994). archive.org
Richard Williams, The Death of Ayrton Senna (Viking, 1995). archive.org
Ernesto Rodrigues, Ayrton: o herói revelado (Objetiva, 2004), capítulo 1, «Palmas no Tremembé». archive.org
Tom Rubython con Keith Sutton, The Life of Senna (BusinessF1 Books, 2004), capítulo 2. archive.org
Daniel Taddone y otros, «A genealogia de Ayrton Senna», Insieme, 15 de diciembre de 2019. insieme.com.br
«A intimidade de Ayrton Senna — pela primeira vez, num documentário», Brazil Journal, 10 de noviembre de 2023. braziljournal.com
Rob Widdows, «Ayrton Senna: Racing for the love of his country», Motor Sport, marzo de 2008. motorsportmagazine.com
senna.com, «Infância Ayrton Senna». senna.com